La Red

Hijo, vamos a votar por Patricio Javier Díaz

por el 16 febrero, 2017
Referencias
 
 

Hasta que llegó el día y me invade una mezcla de miedos y alegrías que tienen que ver con tu crecimiento. Los eventos que hace poco tiempo parecían tan lejanos, comienzan a sucederse uno tras otro, sin darme tiempo a reaccionar en medio de la melancolía y el orgullo. Y así no más, ha llegado el día en el que vas a votar por primera vez en tu vida.

Esto me lleva a recordar algunos eventos, algunas primeras veces. Por ejemplo, hace unos años nos presentaste a tu primera enamorada, ¡qué chica tan hermosa!. Mientas tu mamá lloraba de tristeza y celos, yo te veía caminar de la mano de esa guagua tan sonreída y educada, y se me inflaba el pecho diciendo: ¡ese es mi hijo!

Poco antes, o poco después, no estoy seguro, te fui a ver a una fiesta y con sorpresa noté que estabas bañado en perfume, como si hubieras estado nadando en colonia. Además, masticabas chicle con una desesperación que me llamó la atención. Al pedirte que soples, descrubrí aliento a alcohol. No me escandalizé, lo sabes, yo mismo te he dado un vaso de cerveza para la sed y tu abuelo siempre te brinda una copa de vino con la comida. Lo que me molestó es que me hayas mentido. Entiendo que fue por miedo a mi reacción, a un posible castigo o a una fuerte reprimenda verbal. Y tuviste razón, porque hubo castigo y hablada.

En pocos meses estaré presente en tu graduación de colegio, y pocas semanas más tarde cumplirás 18. Desde ya quieres entrar al curso de conducción para llevarte el carro en el mismo día de tu llegada a la mayoría de edad. Y yo intento analizar si ya estás listo para esta u otras tantas responsabilidades que deberás afrontar. A veces tengo miedo como te decía. Pero luego llegas y te impones con tu nobleza y tu sonrisa, y como es costumbre, haces que retrocedan las nubes más grises y que vuelva a salir el sol más brillante y caluroso.

He tratado de estar presente en cada una de las cosas importantes de tu vida. Casi siempre lo he logrado, a pocos eventos de real importancia he fallado. Primero, porque quiero que sepas que en las buenas y en las malas, a tu espalda protegiéndote, delante tuyo abriéndote camino, abajo tuyo sosteniéndote o encima tuyo cubriéndote: ahí está tu padre.

Así, suena muy noble mi actitud, pero debo confesarte que mis sentimientos profanan tanta pureza. También lo hago por orgullo, el de verte ir por aquí o por allá, sabiendo que eso que pones en práctica está íntimamente ligado con aquello que intenté plasmar en tu corazón.

También por vanidad, porque hay pocas cosas que me halaguen más que que se acerque alguien y me felicite por el buen hijo que tengo, por su educación, por su caballerosidad, por su don de gente. Perdón mijo, soy humano, tengo algunas fortalezas, pero tengo mis debilidades y las mayores son tu hermana y tú, los que más poderosa y frecuentemente hacen que se me caiga una baba mientras mis rodillas se doblan y pongo cara de estúpido: enamorado de ustedes y agradecido con la vida.

Este domingo volveré a estar presente en un momento importante par tí, como para cada ciudadano: irás a votar por primera vez en tu vida. Ese privilegio lo recibirás antes de tu mayoría de edad y como te decía antes, me preocupa que no estés seguro de qué vas a hacer, de la importancia de tu voto, de todo lo que representa, de la gente que lucho y hasta perdió su vida para que tu vayas libremente el domingo a marcar una papeleta con tu elección.

Eso sí, te veo feliz, ilusionado y me reflejo en tus ojos cuando hace más de 20 años yo fui por primera vez a las urnas. Tienes la misma mirada curiosa como la que tenías aquella mañana de domingo, cuando salías de la ducha y tomaste tu primera máquina de afeitar conmigo en las mismas fachas a tu lado. Uno a uno te enseñé los pasos que debías seguir: esparcir la espuma por toda la barba -o las pelusas que tu llamabas así por entonces-, mojar la hoja y deslizarla sutilmente sin lastimarte. Movías tus labios y tus mejillas imitando mis movimientos para que la piel se estire. Al final, unas cachetadas con loción, tu primera sensación de ardor y frescura al contacto del alcohol con la cara irritada y unos pequeños gritos que desataron sonrisas tuyas y mías, mientras tu mamá tomaba fotos y lloraba en el umbral de la puerta.

Te prometo algo: el domingo te llevaré al recinto al que debes asistir. Quisiera tomarte de la mano y caminar así juntos, pero como ya no me lo pides y peor aún, como ya no me dejas, estaré muy cerquita tuyo, rozando tu hombro para que no tengas que regresar a ver, para que sepas que ahí estoy para que tu paso sea firme y seguro. Te acompañaré hasta la puerta misma de tu mesa electoral y desde cerca -pero de lejos- simplemente miraré cómo te desenvuelves en esta nueva actividad que deberás cumplir por el resto de tus días.

Puedo imaginar el momento posterior: firmarás el acta y me regresarás a ver sonriendo. Y con esa sonrisa vendrás a contarme todo lo que sentiste, todo lo que hiciste.

Este domingo, tú serás el primero de la familia en ir a votar. Te acompañaremos tu mamá, tu hermana chiquita y yo. ¿Por qué tu primero? Porque quiero contagiarme, quiero volver en el tiempo y recordar esa sensación satisfactoria de votar por primera ocasión, creyendo totalmente convencido que con una raya podía cambiar el destino. Yo hace rato apagué esa pequeña lumbre que al principio era una gran antorcha porque me han decepcionado, sobre todo aquellos que conquistaron mi voto pero que luego se ganaron mi desprecio por su prepotencia, su corrupción o su incapacidad. Lamento decir, que además, han sido una inmensa mayoría.

Pero no dejes que mi esceptisismo y hasta enojo te afecte de ninguna manera. Al contrario, intenta que sea tu alegría la que me devuelva un poco de esa fe y esperanza que he perdido. Recuérdame que mucha gente perdió la vida para que yo pueda votar, dime con tu sonrisa que un voto no es solo una raya en un papel, sino que es mi voluntad expresada para que se respeta, para que se haga valer. Que mi voto vale, que mi voto cuenta, que mi voto puede cambiar algo.

Este domingo te acompañeré como siempre, pero te pido por favor que seas tú el que me inspire, como hace 18 años lo haces cada día de mi vida…

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