La Comisión de Ética de la FIFA sancionó con siete años de suspensión al expresidente de la Federación Chilena de Fútbol y del grupo de evaluación de las candidaturas de los Mundiales de la FIFA 2018 y 2022, Harold Mayne-Nicholls, informó este lunes el organismo en un comunicado.

La FIFA no detalló en el texto los motivos exactos de la sanción, pero habló del Artículo 36 del Código Ético de la FIFA, de confidencialidad, por el que los miembros de la Federación Internacional “se obligan a guardar secreto sobre toda información de la que hayan tenido conocimiento durante el ejercicio de sus funciones; en particular, sobre los hechos juzgados, el contenido de las investigaciones y deliberaciones y las decisiones adoptadas”.

“Asimismo, los miembros de la Comisión de Ética no harán ninguna declaración pública o privada relacionada con lo anteriormente expresado y con el procedimiento en curso que trate la Comisión de Ética”, agrega el texto del artículo.

El máximo rector del fútbol internacional especifica que “únicamente podrán hacerse públicas las decisiones finales sobre el procedimiento ya notificadas a las partes implicadas”.

Por esta supuesta infracción de la confidencialidad, la FIFA sancionó al dirigente chileno con “la prohibición de participar en todo tipo de actividad relacionada con el fútbol en los ámbitos nacional e internacional durante siete años”.

Por otro lado y sobre este tema el Diario El Mundo publicó una entrevista de reacción al tema:

Usted advirtió antes que nadie que la FIFA necesitaba un cambio.

No creo en la perpetuidad de los cargos. La sociedad actual ya no acepta, entre comillas, a los señores feudales. Incluso las monarquías son un producto del pasado. Yo no creo que alguien pueda estar hasta que se muera en un puesto por mucho que lo elijan. Eso no es democracia, es sed de poder. Impide la llegada de ideas nuevas, de debate. Por eso lancé mi candidatura. Tuve apoyos europeos, pero no el de mi federación, la que había presidido, ni el de la Conmebol.

Pero trabajó para la FIFA, para Blatter, en su estructura.

Realicé muchas funciones, sí, desde inicio de los años 90. En 2007, Blatter nos pidió a todos los presidentes de Sudamérica que le votáramos, porque le quedaba un periodo para acabar su ciclo. Me pareció razonable entonces. Pero en 2011 vino con el mismo argumento; en 2015, igual. Lo único que le interesaba era perpetuarse en el poder. Lo que pasa en la Conmebol o en la FIFA me ha dado la razón. Espero que esos cambios lleguen en el futuro. Los cargos deben tener caducidad, porque se ha demostrado que los dirigentes acaban por creer que el cargo es suyo y también la institución. El mundo del fútbol, tristemente, está gobernado por la avaricia y la codicia. Lo que ha pasado en la Conmebol y la Concacaf es la vergüenza de todos los latinoamericanos.

¿No eran esas mordidas, en este caso por los derechos de televisión de la Copa América 2016, una práctica para la financiación encubierta de las federaciones nacionales?

No lo creo. Las federaciones sudamericanas históricamente han sido deficitarias. Se salvan por los derechos de televisión de las eliminatorias y un poco por los sponsors… Tiendo a creer que era enriquecimiento personal puro y duro.

¿Blatter lo conocía?

El detalle es difícil que lo conociera, pero el ruido era tanto que es imposible no saber lo que ocurría. Tiene responsabilidad frente al comportamiento de todos, es innegable.

Usted hizo las inspecciones técnicas, como enviado de la FIFA, a las aspirantes a los Mundiales de 2018 y 2022 ¿Cuáles fueron sus conclusiones?

Reflejé la realidad de lo que vi. Yo inspeccioné y ni Rusia ni Qatar recibieron buena puntuación, más bien mala. Lo que sucedió después, en Zúrich, me reafirmó en la idea de que es necesario un nuevo sistema de designación de sedes, y ésa era una de las propuestas que trasladé a varios presidentes europeos.

Explíquese.

Una tenía que ver con la limitación de mandatos. Otra con la venta de derechos de televisión, que debería hacerse por licitaciones públicas internacionales. La tercera importante era la que se refería al sistema de elección de sedes del Mundial. Mi propuesta era elegir inspectores técnicos independientes que elaboraran informes por separado, pero antes de que ningún país gastara nada de dinero. De todas las aspirantes, sólo las tres mejor puntuadas se llevarían al Congreso de la FIFA, donde en dos días se elegiría mediante el voto, público, de las más de 200 asociaciones. Que sólo voten los 24 miembros del Comité Ejecutivo significa que si controlas 12 votos has ganado, y eso da pie a la corrupción.

La candidatura ibérica, que lideraba Ángel Villar, perdió una de esas elecciones. ¿Cree que puede relacionarse al dirigente español con los casos de corrupción investigados?

Espero que no sea así, ni en su caso, ni en el de su hijo Gorka [director general de la Conmebol]. Pero lo que he dicho con respecto a la limitación de mandatos, a no perpetuarse en el cargo, también sirve para Villar. Tiene ganas de seguir en el poder. En el pasado se relacionó a sus vicepresidentes, como Padrón, con episodios que hay que evitar. No era corrupción, pero son regalías que hay que hacer. Si no, el piso se mueve y es peligroso. El caso más patético que ha existido es el del fallecido Julio Grondona [ex presidente de la Asociación de Fútbol Argentino], que estuvo ahí toda la vida. Los dirigentes llegan a creer que son impunes. Para él la corrupción era lo normal.

Usted, en cambio, perdió el pulso con los grandes clubes y, consiguientemente, las elecciones a la presidencia de la ANFP y la Federación. ¿Quién manda más en el fútbol chileno?

La Federación de Chile aglutina a fútbol amateur y profesional. Quien es electo presidente del segundo, la ANFP, puede serlo de la Federación o designar a quien quiera. El presidente del fútbol amateur será, a su vez, vicepresidente de la Federación.

Es decir que aquí se hace lo que dicen los clubes.

Así es. Yo quise cambiar el sistema, pero no lo hice por falta de tiempo, de energía o por no darme cuenta entonces del desequilibrio. Cuando yo llegué a la presidencia estaba ya creado el Canal del Fútbol (CDF), que gestiona los derechos de televisión de todo el fútbol profesional, incluso de la selección. Un 20% pertenece a un fondo de inversión. El CDF tenía entonces una deuda de 20 millones de euros. Nos financiamos y pasamos a beneficios en unos años, algo que no había ocurrido nunca. Ya había una fórmula que decía que se distribuían 3,5 millones de dólares para cada club. Si había más excedentes, de acuerdo con los estatutos, se debían repartir a partes iguales entre los 32 clubes. Además, creo que era lo mejor, porque todos los equipos deben tener un piso económico. Eso generó el malestar de los grandes [Colo-Colo, Universidad de Chile y Universidad Católica]. Me hicieron una oposición y me sacaron, y lo hicieron limpiamente, insisto, porque me ganaron las elecciones.

¿No ha pensado en regresar al fútbol, ahora que la corrupción puede provocar una limpieza de dirigentes en Sudamérica?

Me mantengo ligado al fútbol través de la corporación del club Antofagasta, de mi región, y de mi fundación, Ganamos Todos. No sé realmente hasta dónde llegará todo esto…

Parece incrédulo.

Llegará hasta donde quieran los gringos. Si no, todo seguirá igual.

 

Foto: Diario la Tercera