Cada persona en este mundo es un bicho raro, cada cabeza es un mundo, no hay nadie parecido a otro, y la forma de ser del director técnico de Liga es diametralmente opuesta, a cada uno de los entrenadores que han llegado a dirigir a los albos en los últimos veinte años.

A veces tengo la impresión que a la prensa nos gusta la comodidad de las preguntas y respuestas en una rueda de prensa y cuando alguien como Borghi utiliza un discurso políticamente incorrecto, nos enloquecemos y sin muchas explicaciones  se escuchan y se leen voces pidiendo su cabeza.

A Borghi se le puede acusar de todo menos que sea una mala persona, los antecedentes hablan de un respeto absoluto hacia los demás y a cada uno de los estamentos que conforman la estructura del fútbol.

Desde niño debió sortear la pobreza, al ser parte de una familia numerosa la situación era muy compleja; peor aún, cuando perdió a su padre, sus hermanos se dividieron y fueron a vivir en distintos hogares. Esas circunstancias forjan a las personas para bien o para mal y a Claudio lo forjó para llegar hasta donde ha llegado.

Ser parte de Liga significa ser protagonista principal en el fútbol capitalino y cualquier detalle y la suma de otro y algún chisme, hace que, lo que parecía algo insignificante, se convierta en una bola de nieve. Y por supuesto, si lo resultados no se dan, la paciencia termina antes de lo previsto.

Liga tiene en Claudio Borghi a un gran técnico que, por sobre todas las cosas como lo escribí arriba,  tiene un profundo respeto por sus semejantes, ya sean grandes o pequeños y eso puede ser fundamental en el desarrollo de su idea de cómo debe jugar la U en el presente año.

En el fútbol se va del cielo al infierno de un momento a otro, y la tienda Alba tiene en Claudio Borghi a un grandísimo técnico; al Bichi, como lo llamaron desde pequeñín, se le debe dar tiempo, el tiempo que exactamente recibieron otros y así concluir si valió la pena pasar por el infierno para llegar al cielo (ser campeón) o quedarse en la mitad sin saber lo que pudo haber sido y no fue.

O sea se debe tener paciencia…

Por: Reinaldo Romero