Nuestro fútbol está lleno de contradicciones. Es que fueron seis días con las emociones en lo más alto en medio de una crisis económica y organizativa de las más graves en el balompié local. La confianza hacia nuestra tricolor pasó del escepticismo al triunfalismo en menos de una semana. Es fútbol claro, los resultados van y vienen y la pasión no entiende razones. Así, los que eran héroes pasaron a ser villanos y en poco tiempo volvieron a ser héroes por la magia de la pelota. Nos cuesta encontrar puntos medios.

Es difícil concebir como un fútbol donde hay cuatro clubes a los que les quitaron un punto del torneo por no pagar más de tres meses a sus jugadores puede llegar al estadio de River Plate y conseguir un triunfo histórico. Cómo entender que uno de estos clubes es reincidente y a la vez es el equipo más popular de nuestro país. Dos días después del anuncio Antonio Valencia hacía surcos en la cancha argentina y conducía a sus compañeros a un festejo tan inesperado como único.

Mientras el Atahualpa recibía a cerca de 28 mil aficionados y recaudaba un millón de dólares,  los periodistas de la ciudad de Loja ponían ánforas por las calles de su ciudad para recaudar dinero e intentar salvar a su equipo profesional. Así mismo, los muchachos de la selección corrían en un césped inundado para ganar su segundo partido de eliminatorias al hilo, lejos de los profesionales  del Barcelona, Espoli, D.Cuenca o D.Quito que antes habían dejado de entrenar para ver si así cobraban alguno de los meses atrasados.

Es difícil saber como la Tri es inmune a la falta de liderazgo que en la semana de la convocatoria no fue capaz de poner las reglas claras frente a la fecha del campeonato que se debía jugar. Varios clubes programaron sus partidos cuando quisieron y entonces se convocaron jugadores hasta tres veces. Mientras tanto en el Monumental y en el Atahualpa  los profesionales ecuatorianos festejaron y nos hicieron festejar.

Hemos visto en la última semana como han sido suspendidos en la FIFA desde el presidente y secretario general hasta varios otros dirigentes sospechosos de actos de corrupción. La FEF ya no tiene a quien recurrir para que no se le quiten 6 puntos a uno de sus afiliados, ya no hay como tirar la pelota a la tribuna. La Conmebol y sus miembros, entre ellos la FEF, esperan agazapados e intentan lanzar bengalas al cielo señalando que trabajan en nuevos códigos sobre ética. Uno de los encargados de redactar este “manual de estilo” es acusado por varios clubes de Uruguay como chantajista. Hace poco toda Sudamérica apoyó unánimemente a Blatter para su quinta relección. Hasta ahora no hay ni un solo pronunciamiento oficial por parte de la FEF sobre todo esto, al menos para saber si aún respalda al mandamás del fútbol mundial.

Pero este contrasentido difícil de explicar no solo aplica a los más grandes. La selección ecuatoriana sub 17 está por jugar el mundial de Chile mientras acá continúa la purga dentro de los clubes que separan o sancionan a muchachos con la edad adulterada. Para defender dicha participación la Federación Ecuatoriana de Fútbol esgrimió que no sabía nada de las falsificaciones de las edades de varios de sus jugadores. No nos importó que justamente ésos fueran quienes nos clasificaron frente a otras selecciones que sí respetaban las reglas. Lo increíble es que nuestra defensa sirvió y el gol con la mano fue dado como válido ante la mirada de todos.

También es difícil explicar como este fútbol nuestro, que de tanto en tanto nos regala un triunfo épico, es inmune a los organismos oficiales de control. No conocemos de ninguna empresa que no pague dos o tres meses a sus empleados y que no haya sido intervenida, advertida o multada por el Ministerio del Trabajo o el IESS. A lo mejor algunos de sus funcionarios le creen todavía al abogado de la FEF que señalaba que el fútbol se regía por sus propios reglamentos. O tal vez están contagiados por esta euforia colectiva que nos tiene gritando los goles de Felipe, Miller o Frixon.

Somos un país de contrastes, eso sí lo sabemos, así que el fútbol no puede escapar de ellos. Ojalá esa gran cantidad de jugadores de primera, segunda y hasta tercera división de nuestro balompié haya podido cambiar sus caras de desesperación por una sonrisa generada por los goles continentales de sus colegas. Para ellos seguramente no durará demasiado la alegría y una vez que Felipe recoja el balón de adentro del arco volverán a una realidad que está alejada de la euforia y, por supuesto, del mundial.

Ronda Deportiva | Alfonso Laso Ayala