Y ha sido muy, pero muy difícil para Ecuador poder ganar a Colombia en Barranquilla en una Eliminatoria a un Mundial de fútbol. Fue en 1965, que la Tricolor nacional derrotó a los colombianos en la ardiente ciudad caribeña con solitario gol de Washington Muñoz; desde ahí hasta la fecha los resultados han sido adversos.

Las condiciones climáticas no son ni serán las mejores, de acuerdo; pero, deben desaparecer ese tipo de pretextos, estamos en una época en donde el nivel de competencia profesional que ha alcanzado el fútbol no deja nada al azar y con una planificación adecuada que comprenda: alimentación, hidratación, cargas y descanso se puede hacer llevadero el tema de las altas temperaturas caribeñas.

Hoy dependerá de la aplicación de los jugadores, Ecuador es una de las mejores selecciones del mundo y lo está demostrando en la fase eliminatoria camino a Rusia. Sus integrantes, al menos cuatro de ellos están entre los quinientos mejores jugadores del planeta y los restantes son muy importantes en el accionar de sus clubes y en la misma selección. Ya tienen la suficiente experiencia que resultará inexplicable poner al clima como pretexto para una derrota

También es cierto que en el fútbol todo puede pasar de un segundo a otro;  pero, si la posesión de la pelota sigue siendo la clave en esta selección de Gustavo Quinteros, para los colombianos va a ser muy complicado el partido y tendrán que demostrar que el clima ya no será su principal argumento para derrotar a Ecuador, eso ya no basta ni en el llano ni en la altura.

Ecuador tiene un grupo de jugadores que entienden que la mejor manera sacar un resultado favorable en un partido de fútbol es con la posesión y entrega del balón.

Gustavo Quinteros encontró en el inicio de esta Eliminatoria la fórmula para no ir ya derrotados a enfrentar a la Argentina y ganarle en el mismísimo Monumental de River,  por ejemplo, hecho que solía ocurrir generalmente cuando se medía a ese tipo de rivales.

La fórmula es la convicción de ir ganar donde se tenga que jugar, sin guardarse nada. Acá ya no hay más secretos ni pretextos, es simplemente estar convencidos que es posible ser muy fuertes de locales, pero también de visitantes.

El aprendizaje ha sido muy duro, con más derrotas que victorias; entonces, ya se sabe que ir a cuidarse y reventar la pelota lo más lejos posible puede ser muy peligroso, más peligroso que ir a buscar el arco rival.

Y que el calor de Barranquilla solo le asuste le asuste al diablo cuando pase por ahí.