El viernes pasado y una vez que se rompe la huelga que planteó la Agremiación de Futbolistas, los jugadores del Deportivo Quito se quedaron colgados, pues digamos, a ellos más que a nadie, les favorecía que se pare el fútbol. Pero, la decisión de los jugadores de la Universidad Católica y Mushuc Runa de salir a la cancha del Atahualpa rompió la huelga. Ah! Eso de haber dado la espalda al balón fue un hecho que ya a nadie le importó.

Pese a este golpe, los jugadores Chullas se contactan para entrenar el sábado a las nueve de la mañana y ahí decidir si viajaban o no a Loja (no les habían pagado el mes y medio que habían pedido de los 3). Pero, en esa noche del viernes, alguien, que aparte de mandar a apretar a Michel Castro, decide que la Reserva concentre en Carcelén bajo las órdenes del profesor Renato Salas y que el viaje se lo haría vía terrestre a las 7 de la mañana, luego del desayuno gentilmente brindado por Joselito Cobo (?)

Cuando llegan a Carcelén todos los jugadores del primer plantel, se enteran del viaje de la Reserva y se quedan sorprendidos por esa decisión. A partir de allí, entre idas y venidas se realizó una votación  para decidir si se viaja a Loja o no y la mayoría decidió que no se viaje. Solo pedían que al menos les paguen un mes y medio de los tres.

Es entonces que aparece el “pedido” y deseo de viaje de los cinco muchachos. Consultaron con el grupo y les dijeron que no viajen, pero fueron presionados por el tema del contrato y algún sutil apriete de confianza, otros lo suelen llamar honor.

Lo sucedido el domingo en el Reina del Cisne queda para la anécdota y fui mudo testigo de los rostros de llanto, dolor y angustia de los muchachos, al saberse que habían descendido a la Serie B

Al final del día, los malos de este penúltimo capítulo son los jugadores, quienes viajaron y quienes no lo hicieron; pero que, de alguna manera, coincidieron en mostrar dignidad en medio de tanto pisoteo.

Mientras tanto, a los dirigentes se los convierte en las grandes víctimas de la tragedia Azul Grana, a quienes les recuerdo, de paso, que dejaron ir DIEZ PUNTOS en la mesa, ahí donde no juegan los muchachos como para echarles la culpa.

Chan Chán