Es necesario volver un partido atrás. Los Cavaliers terminaron derrotados el tercer juego de las finales de Conferencia Este, en casa, ante un equipo de Boston que, al parecer, ya estaba eliminado. La expresión en el rostro de Lebron James, en la rueda de prensa posterior, quizá no se había visto desde hace por lo menos dos años.

Fue en 2015, cuando los Cavs no pudieron contener el potente juego de finales de liga de Golden State Warriors (GSW), en gran parte por la baja de dos de sus jugadores principales por lesiones: Kevin Love, por una dislocación de hombro en la primera ronda de los playoffs (curiosamente se la provocó Olynyk de los Celtics, presente en esta serie ante Cleveland) y por la fractura de rótula de Kyrie Irving en el primer juego de la final de liga ante GSW. Entonces, James reconoció que el equipo no pudo superar el desafío. GSW ganó en gran forma el anillo de 2015. Además de admitir el talento de los de Oakland (California), Lebron no desplazó su responsabilidad. Simplemente no fue suficiente. Y lo mismo sucedió ante Celtics el pasado martes 23, al que habían dominado hace unos pocos días: 117-104 en el juego 1 y 130-86 en el juego 2. Lebron James y Tristan Thompson asumieron la responsabilidad por el tropiezo.
Ante los Celtics, en aquel juego 3 volvió a aparecer una baja de rendimiento en el tercer cuarto que fue un problema recurrente para los Cavaliers: en al menos 9 de 31 derrotas en temporada regular los “Cavs” habían hecho buenos primeros tiempos, para luego decaer marcadamente en el tercer cuarto. Al final, un preciso triple de Avery Bradley en los segundos finales le dio a Boston la oportunidad de alargar la serie y dejarla 2-1 (resultado final de la noche, 111-108 a favor de Celtics). Como sugirió Lebron tras aquel tercer partido, los dirigidos por Brad Stevens (Indianapolis, 1976) jugaron un “baloncesto desesperado” para derrotarlos.
Los Cavaliers tendrían que hacer lo mismo en el juego 4, y lo pasaron mal: el cuarto juego de estas finales inició empeorando la situación de Cleveland. Con la presión de saber que GSW ya había eliminado a San Antonio el día anterior –con bastantes facilidades para Curry y su equipo– los Cavaliers perdieron el primer cuarto por diez puntos (29-19) y apenas empataron el segundo (28-28). La “desesperación” ciertamente hizo lo suyo en el juego de Cleveland, y James, que por primera vez cometió cuatro faltas antes del descanso de un juego de playoffs, tuvo que sentarse a 6 minutos de terminar la primera mitad, para prevenir su expulsión. Cavaliers tendría que sostener el juego y alcanzar a un complicado Boston. Y para resolverlo, un frenético Kyrie Irving se prestó para liderar al equipo, anotando 21 puntos solo en el tercer cuarto (42 en todo el partido), aún con una lesión de tobillo tras una gran jugada en el área.

La contundencia de Irving, que simplemente “caminó” su torcedura para recuperarse, redirigió la presión de Boston, y Lebron pudo trabajar con más holgura, evitando las faltas y repartiendo el balón con Irving, Love (17 puntos), Smith y Shumpert (5 puntos cada uno). Korver, con poca suerte, jugó veinte minutos sin anotar y solo pudo lograr 5 rebotes y 4 asistencias. Por su parte, Love fue muy efectivo en los rebotes (17). Aun con un juego muy disciplinado y generoso en sus pases, los tres mejores anotadores de Celtics (Bradley: 19, Crowder: 18, Horford: 16) no lograron superar las cifras de Cavaliers.
Este jueves 25 de mayo la serie regresa a Boston, y podría ser el último juego de los Celtics, si repiten su actitud de los dos primeros partidos. Por su parte, Cleveland tiene la obligación de ganar minutos de descanso, para enfrentar a unos Warriors recargados, con mucha confianza y planes de revancha este 2017.
Juego 5 de las finales de Conferencia Este (CLE 3 – 1 BOS)
Cavaliers visita a Boston este jueves 25 de mayo, 7:30 PM ET
Autor: Carlos Reyes (@creyesignatov)