Con homenajes, coreografías, cánticos un estadio casi vacío se desarrolló la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos Tokio 2020. El evento duró cuatro horas y contó la presencia de unas cuantas autoridades internacionales.

Fue, quizás, el evento de inauguración más atípico en la historia de las Olimpiadas, pues la situación epidemiológica del mundo, además de aplazar un año la cita multidisciplinaria, significó una adaptación a nuevos protocolos de bioseguridad que, entre otras cosas, comprendieron escenarios vacíos, distanciamiento social y mascarillas por doquier.

Cada una de las delegaciones ingresó al Estadio Olímpico de Tokio con distintas indumentarias, algunas incluso con vestimentas propias de sus culturas. El gran espacio del terreno de juego permitió que cada uno de los países mantenga una distancia prudente entre sí, antes de pronunciar el juramento de los deportistas.

El acontecimiento contó con un homenaje por los deportistas que llegaron hasta el certamen, por los doctores y el personal de primera línea que ha enfrentando el virus cara a cara, y por los fallecidos en la época de pandemia.

Con las palabras de apertura de Thomas Bach, presidente del Comité Olímpico Internacional, y el Emperador de Japón Hiro-no-miya Naruhito, se izaron las respectivas banderas: la del país sede y de los Juegos Olímpicos.

En el espectáculo se pudo observar una serie de 1824 drones que formaron el logo de las Olimpiadas en el cielo y que, posteriormente, se convirtieron en un globo terráqueo. Además, hubo coreografías y una personificación de los distintos pictogramas disciplinarios.

Finalmente, la antorcha olímpica llegó al estadio. La llama pasó por varias leyendas del deporte japonés hasta llegar a Naomi Osaka, la tenista asiática y segunda mejor del mundo. Osaka fue la encargada de encender el pebetero y, oficialmente, dar inicio a los Juegos Olímpicos.