El entierro de Diego Armando Maradona fue digno de un héroe nacional, con protocolos y tiempos para que todos puedan despedirse del futbolista que le dio el mundial de 1986 a Argentina. Este suceso unió a todo el mundo independientemente de las aficiones de cada uno. Sin embargo, lo que empezó como una ceremonia, terminó en disturbios atribuidos al fanatismo extremo que representa a los argentinos.

Al principio, el féretro con el cuerpo del astro se encontraba en la Casa Rosada para que pueda ser visitado por todos aquellos que querían rendirle homenaje dejando camisetas, banderas, flores y demás. Sin embargo, no se preveía la cantidad de gente que visitó “Al Diego”. La apertura del palacio presidencial al público estaba predispuesta hasta las 16h00 pero la familia Maradona la extendió hasta las 19h00 debido a la oleada gigante de personas que querían rendir sus respetos.

Finalmente, los altercados ensuciaron un día histórico: golpes, carreras, heridos, pelotazos de goma, gas pimienta, fans saltando vallas, colándose en la Casa Rosada… incluso, por motivos de seguridad, el cuerpo de Maradona tuvo que ser trasladado. No se llegó hasta las 19h00.

El carro fúnebre fue escoltado por miles de argentinos en las calles que coreaban el apellido del 10, que pitaban con sus autos, que cantaban barras y que emanaban sentimiento. Todo el evento, hasta el entierro fue transmitido por drones.

Sin embargo, el entierro en el cementerio Jardines de Bella Vista fue presidido por al rededor de mil efectivos de seguridad ya que a la llegada de los restos de Maradona, diferentes aficionados tiraron piedras sin ningún motivo aparente y terminaron hiriéndose entre sí. También, varios hinchas intentaron entrar al cementerio saltando las vallas.

Al final, al rededor de las 23h30 fue enterrado uno de los pocos argentinos que sabe cuánto pesa una copa del mundo y que se convirtió en un símbolo para el país rioplatense y para el fútbol mundial. El mundo nunca olvidará el apellido Maradona y todo lo que significó en su momento.