Hace exactamente dos años dejamos de festejar los goles de Cristian Benítez. Se fue repentinamente dejando a los suyos con todo el dolor y el vacío de lo inesperado. Hoy seguimos recordándolo con tristeza, pero al mismo tiempo llenando su ausencia con sus inolvidables goles y festejos. Hemos querido desempolvar varios comentarios para recordarlo con rigor histórico. Poco antes de su partida, tres meses para ser exactos, escribimos del cómo deslumbraba a la afición mexicana y lo reflejábamos hablando de esa herencia goleadora. Dos meses antes nos enorgullecía dando la vuelta olímpica con el gigante América y convertido en su máxima figura. Finalmente la despedida, en su dolorosa partida. Su recuerdo permanente quiere ser nuestro sentido homenaje al querido Chucho Benítez.

 Nació rayado (30 de abril de 2013)

Disfrutar, domingo a domingo, del poder goleador de Cristian Benítez resulta gratificante para el paladar futbolero de cualquier hincha. Conforme han pasado los años se ha vuelto casa vez más letal, más poderosos y más efectivo….

…Su promedio de goles ha ido en aumento y pese que, como buen goleador que es, ha tenido rachas de sequía, pronto las supera y vuelve a los suyo: el festejo en grandes cantidades. En este momento está atravesando por el mejor promedio desde que se puso la camiseta del América. Sus doce goles en 16 partidos lo ubican con una media de 0.75 goles por partido. Pero además si le sumamos las cuatro asistencias que lleva ese promedio sería aún mas grande.

Con el poderoso equipo crema y azul ya se consagró como máximo goleador en los dos torneos anteriores. Este podría ser su tercer título de goleo consecutivo, y como lo repiten los medios aztecas, sería inédito: tres “pichichis” al hilo nadie lo ha conseguido hasta ahora. Está cerca de lograrlo ya que los goles que se marcan durante los playoffs no suman a esta marca. Naturalmente los jugadores suele hablar que lo más importante es que el equipo gane y ese, por fin, parece ser el discurso del América en este torneo clausura 2013.

Es que desde que llegó Cristian a su segundo club en tierras aztecas, en traspaso record de diez millones de dólares, su equipo lució desbalanceado. Mientras el artillero sumaba conquistas sus compañeros del fondo dilapidaban partidos. Así se quedó en el camino durante el 2012 donde pareció estar más cerca del título. Ahora ha conseguido equilibrar su zaga y en consecuencia las victorias llegan. Claro que en el partido de la penúltima fecha Cristian tuvo que hacer tres goles para poder virar el resultado y ganar cuatro a dos. Sin embargo esto ya no es lo más común en este semestre donde Las Águilas se muestran mucho más seguras en el fondo.

Así es que el goleador ecuatoriano ahora es tentado por el fútbol grande de Europa. No será fácil verlo partir al Chucho pues su contrato en el fútbol mexicano es realmente importante. Sin embargo su poder goleador ya es tan notorio tanto en su equipo como en la selección que no es difícil dejarse tentar por sus goles. Está a punto de cumplir 27 años y este parece el mejor momento de su carrera, y eso que ha tenido varios muy productivos.

De Europa hay quienes ven sus estadísticas y miran que ya estuvo por allá defendiendo al Birmingham de la Premier inglesa. Allí los números no le ayudaron pues apenas marcó cuatro goles. Llegó a un equipo chico con pretensiones de salvar la categoría con 23 años y el peso de haber quedado fuera del mundial. Pese a los números, no fue mala su campaña pero no le alcanzó para quedarse. La explicación es sencilla: el Santos lo quería vender, el Birmingham lo quería retener un rato más para verlo crecer. El poderoso mercado mexicano lo hizo regresar y al poco tiempo fue transferido en suma millonaria a su club actual. Que nadie se deje engañar por ese fugaz paso por el fútbol inglés.

Esta versión del máximo goleador vigente de la tri es mucho mas pulida. Creció en varios aspectos. En el futbolístico su velocidad y fortaleza le permiten anticiparse a sus marcadores volviéndose letal. Tiene un remate fortísimo con cualquiera de sus piernas y su cabezazo, pese a que es chico para un centro delantero, no llega al 1,70, es simplemente asombroso. En su último hat-trick consiguió el primer gol de cabeza, anticipándose al zaguero por arriba, el segundo con la pierna derecha amagando en el área, y el tercero de zurda tras eludir a un zaguero. Su potencialdesplegado al máximo.

¿Podría jugar y triunfar en Europa? Nos parece que tiene la madurez personal necesaria para intentarlo nuevamente. Técnicamente está a la par de los mejores romperedes del mundo. Además si esta vez viaja ya no será a un equipo de reparto donde él tenga que tirarse sus propios centros, esta vez llegaría a un club con aspiraciones importantes y mucho mejor armado. Y al mismo tiempo sabemos que sacarle del América al Chucho Benítez no será sencillo. No parece estar necesitado de plata el poderoso equipo mexicano. En cambio sí lo está de títulos y grandes figuras. Cristian lo meditará y mas allá de la oferta económica que debe ser muy importante, estará la decisión de cambiar todo su entorno familiar y profesional. Veremos que decide este “hijo e´tigre”, goleador por herencia y destino.

Épico (28 de mayo de 2013)

Está en todas las fotos de todos los festejos americanistas. Sin duda es la gran figura de este equipo milagrosamente campeón. Es que no hay otro término mejor utilizado para estos casos cuando todo está perdido a dos minutos del final…

Fueron trescientos segundos infartantes y épicos para llegar a los tiempos extras y luego a los penales. Ni el más ilustrado guionista hubiera escrito un final tan imprevisible. Es cierto, el arquero Moisés Muñoz fue el gran héroe del último partido del año, pero nuestro Cristian Benítez fue el guía de toda la temporada. En realidad, en el caso del América, de los tres últimos campeonatos aunque en los dos anteriores no hay logrado dar la vuelta olímpica.

En México, el “Chucho” ya sabía lo que era levantar una copa de campeón, lo hizo en el Santos y eso, entre otras virtudes, le terminó llevando al cuadro más rico del poderoso país norteamericano. La cifra pagada fue record para el mercado interno azteca y la costeó un club acostumbrado a llenarse de figuras, muchas de las cuales fracasaron estrepitosamente. Ponerse el amarillo y azul no resulta sencillo, quienes son cracks en otros lados muchas veces desaparecen acá. Por cierto las últimas encuestas ubican al América como el club más popular de México, lo curiosos es que estas mismas lo colocan como el club más odiado en tierra azteca.

El tricampeón de goleo en México esta vez aceleró en la liguilla y fue fundamental en cuartos y semifinales. Allí convirtió cinco goles que le plantaron en la final con un tradicional rival: el Cruz Azul. En total marcó 17 goles en el semestre y, aunque no pudo anotar en ninguna de las dos finales, se sacó el gusto marcando desde los doce pasos en la extraordinaria definición por el título. Su festejo fue un grito de gol tan fuerte que lo escuchamos hasta en las tribunas del Olímpico Atahualpa. No importa cuántos goles haga, cada uno parecerá más importante que el anterior. Al mismo tiempo es cierto que se genera tantas situaciones de gol, él mismo, que parecería estar en una prueba permanente de eficiencia consigo mismo y con los hinchas.

Así, lo mejor llego con el festejo final. No hay duda que Cristian es la gran figura de este América campeón. Sus compañeros lo respetan sobremanera, los hinchas corean su nombre, los rivales le marcan entre dos y hasta tres y hasta sus detractores se han quedan sin recursos cuando hablan del gran goleador ecuatoriano. Durante la premiación y posterior vuelta olímpica el notable protagonista también fue el goleador ecuatoriano. Se adueño del trofeo y le llevó a la vuelta olímpica a la que posteriormente se fueron sumando sus compañeros. El estadio bramó cada vez que Cristian les presentó el premio mayor. Luego junto a su esposa y sus dos pequeños festejaron dentro de la cancha llevándose la atención de todas las cámaras presentes.

Basta revisar los medios escritos mexicanos para encontrarnos, una y otra vez, con el goleador en todo su esplendor: besando el trofeo, llevándolo a toda carrera, lanzándose frente a él y en varias elevándole cerca del cielo. El Estadio Azteca, el de dos finales de mundial, fue nuevamente testigo de una nueva proeza futbolera, solo que esta vez hubo un ecuatoriano como gran protagonista. Pudo haber sido su último partido con el poderosos club del imperio Televisa, estas horas serán claves, mientras tanto ya se ubicó en las selectas vitrinas de las Águilas.

El compatriota no tendrá tiempo para festejar. Mientras escribimos estas líneas debe estar viajando para juntarse con sus compañeros de la selección. Cristian, el tercer máximo goleador en la historia de nuestra tricolor preferirá, al igual que sus compañeros, seguir concentrado soñando en el mundial. El descanso y el festejo quedarán postergados o tal vez ya no haya ni tiempo para unas merecidas fiestas pues deberá volver pronto a la pretemporada, en alguna parte del mundo, al cerrar el mes de junio.

Su persistencia y trabajo lo han puesto en la mira de varios de los clubes más poderosos del mundo. Y nosotros, los ecuatorianos, tenemos la vanidad de poder presentarlo como propio. El Chucho es un referente de nuestro fútbol indudablemente. La alegría que desató en medio de un Estadio Azteca desbordado es la misma que nos ha hecho sentir en innumerables ocasiones. El prodigioso Cristian Benítez ya dio su cuarta vuelta olímpica, esta vez defendiendo al más grande de México y se adueñó de la fiesta. Incomparable.

 Hasta siempre (30 de julio de 2013)

No sé por dónde comenzar. Cómo podemos hablar en pasado de un goleador tan joven, de un hombre tan joven, de un padre tan joven. No puede ser normal que los hijos entierren a su padre cuando no han cumplido ni cinco años y menos cuando toda la familia comenzaba un nuevo sueño en tierras extrañas, lejanas. Es que Cristian sabía lo que era quedarse sin padres de muy chico…

…Creció con el cuidado de su abuela quien se convirtió en mamá y papá. Cuenta Orlando Narváez, ex figura de Nacional y hoy director técnico de divisiones menores, que él lo recibió a Cristian en Tumbaco, a los once años. La mamá de Cristian se iba a Italia a buscar mejor días para ella y su pequeño y lo dejaba encargado. Desde ahí y hasta su viaje a México en el 2007 esa fue su casa.

Así su infancia estuvo llena de privaciones, sobre todo del afecto de sus padres, y Cristian lo compensó con el cariño de sus compañeros y de la abuela por supuesto. Creció con jugadores como Pedro Quinónez o Walter Zea y luego hizo historia con otros como Alejandro Castillo, Félix Borja, Cristian Lara, Antonio Valencia y Jorge Guagua. Antes de irse terminó siendo parte de las dos últimas vueltas olímpicas de Nacional luego de diez años de sequía. Cristián debutó en primera división un 29 de febrero del 2004 aunque recién en las dos siguientes temporadas se consolidó como goleador y aunque jugó media temporada en el 2007 se fue a tierras aztecas a romper toda clase de records.

El Chucho, como le gustaba que le digan, fue creciendo como goleador en todas las categorías que jugó. Llegó al primer equipo con un físico que no era el de un centrodelantero. Más bien era un jugador menudo, todavía no tan fuerte. En cambio a su favor tenía la velocidad, la sagacidad, el oportunismo y una gran riqueza técnica. A lo largo de diez años fue aumentando su fortaleza física hasta convertirse en un atleta muy fuerte, quizás esto nos haya llamado a confusión y hayamos creído que era indestructible. Es que no había defensa que lo aguantara. El fútbol mexicano, coincidimos la mayoría, se caracteriza por llevar muchos de los mejores jugadores de las diferentes ligas del continente. Muchos de los mejores zagueros argentinos, uruguayos, colombianos y hasta brasileños lo sufrieron a Cristian. Y eso que no hemos mencionado a los mismos seleccionados aztecas que también debieron rendirse ante la potencia espectacular del gran goleador ecuatoriano.

Rápidamente fue ganando terreno en nuestro campeonato y es así que Luis Fernando Suárez lo llevó al mundial de Alemania como parte de los tricolores. Ahí el Chucho se sacó el gusto y jugó el partido mundialista frente a Alemania cuando la selección ya estaba clasificada. Había cumplido 20 años y ya se perfilaba como el sucesor de los Delgado, Hurtado, Graciani o Kaviedes. Sin embargo lo suyo con el equipo de todos explotó luego de ese mundial hasta convertirse en el tercer máximo goleador de nuestra tricolor en la historia. Varios de sus goles sirvieron para sumar en la eliminatoria anterior y también en esta. Sus goles significaron triunfos contra Venezuela, Perú, Colombia y Paraguay. Esos mismos que nos tienen peleando la clasificación a Brasil.

Como suele ocurrir con los grandes goleadores hubo quienes pretendían que se volviera infalible. Tuvo que pelear contra eso también. Estaba claro que para el Chucho eso no era sino otro eslabón si siempre tuvo que trabajar el doble para llegar donde llegó. Muchos no le perdonaron los goles errados, el no necesitaba el perdón de nadie. Fue creciendo de tal forma que el inmenso América mexicano se lo llevó para que él le devuelva la gloria que se estaba quedando estancada. Y Cristian lo hizo. Antes ya había saboreado el éxito con el Santos mexicano incluso como goleador de temporada. Cuando decidió viajar a Qatar no faltaron los que creyeron que el Chucho les pertenecía y se creyeron con la autoridad de decirle dónde debía jugar o qué debía hacer “por el bien de la selección”. Ellos, ¿a quién le habían ganado? ¿Cuántas veces no desayunaron antes de ir a entrenar en el complejo de Nacional? ¿Qué sabían del dolor de no tener a sus padres cerca? ¿Qué sabían del discrimen, del racismo, de la prepotencia, de la pobreza?

En lo único que estarnos de acuerdo es que a Cristian lo sentíamos un poco nuestro también. Porque nos regaló cientos de sonrisas; porque perdimos la garganta con sus goles; porque nos hacía soñar despiertos con la conquista única y diferente festejada por el número 11; porque nos conmovió su amor por sus dos pequeños mellizos a lado de su esposa; porque siempre estuvo cuando la selección le llamo; porque bailaba en cada gol como si fuera el último, se sacaba la camiseta y enseñaba la foto de su familia; porque creía que el fútbol era muy serio y sin embrago se divertía jugando; porque quería que la Tri gane siempre pero disfrutaba cada momento como único; porque mientras escribimos esto aún no sabemos cómo continuar porque se nos vuelven a llenar los ojos de lágrimas por enésima vez en el día y no las queremos ocultar.

Nos iremos acostumbrando a su ausencia pero no permitiremos que su recuerdo se pierda. Tenemos cada uno de sus goles en su “Nacho” y en la Tri, relatados desde muchas canchas en el mundo. También guardamos las asistencias que nos permitieron festejar en grande. Y seguiremos convencidos que Cristian estaba llamado a convertirse en el máximo goleador de todos los tiempos de nuestra tricolor. Las miles y miles de notas periodísticas escritas en su honor en estas horas reconocen su talento en el mundo entero. Y sí, claro que era profeta en su tierra pese a que unos pocos distraídos no lo entendían. Estamos seguros que en esa cancha eterna echa de nubes y cielo, que le recordará a aquellas de tierra y piedras en su natal Quito o a las de pura arena en las playas de la Esmeraldas que lo vieron crecer, el hoy inmortal Chucho seguirá metiendo goles. Y sí, se levantará la camiseta y nos enseñará que era, además de goleador, esposo y padre.