La rusa Yelena Isinbáyeva, doble campeona olímpica de salto con pértiga y una de las grandes ausencias de los Juegos de Río, anunció su retirada definitiva de las pistas.

La rusa no pudo competir en Río tras ser excluida junto al resto del equipo ruso de atletismo por la IAAF, que retiró la licencia a la federación rusa por connivencia con el dopaje.

Isinbáyeva, de 34 años, adelantó durante una rueda de prensa en Río de Janeiro que se plantea seriamente presidir la Federación Rusa de Atletismo (FRA), según informan medios rusos.

“A decir verdad, sí recibí esa propuesta. Después de los Juegos me reuniré con los dirigentes de la federación. Es algo que me parece muy interesante. Podría hacer que la FRA vuelva al seno de la IAAF”, comentó.

Isinbáyeva, que intentó hasta el último momento participar en los Juegos pese a la prohibición de la IAAF, adelantó en su momento, tras ser excluida de la que debía ser su quinta y última olimpiada, que no tenía sentido seguir compitiendo.

“Después del nacimiento de mi hijo los Juegos de Río aún tenían sentido. He sacrificado un tiempo que podía haber estado con mi hijo. Y ahora este sueño me lo han arrebatado. Tengo ya 34 años y elijo a la familia”, sentenció.

La rusa dio el primer paso al ser elegida miembro de la comisión de deportistas del COI, cargo para el que no se puede ser deportista en activo y que ostentará durante los próximos ocho años, para lo que contó con el respaldo de 1.365 de los deportistas que compiten los Juegos.

La reina de las alturas

“La que gane el oro en Río en mi ausencia, será igual que si quedara segunda”, dijo Isinbayeva tras ser excluida junto al resto del equipo ruso de atletismo de los Juegos de Río de Janeiro por la IAAF.

“Mi único rival es el listón”, repitió una y otra vez a lo largo de los años la rusa, que dominó de manera aplastante su disciplina entre 2004 y 2008.

El historial de la zarina de la pértiga es envidiable: dos oros olímpicos (Atenas 2004 y Pekín 2008) y un bronce (Londres 2012); siete mundiales (cuatro de ellos en pista cubierta) y dos europeos (uno en sala).

No obstante, lo que le granjeó la admiración del mundo fueron sus 28 récords mundiales, sus saltos por encima de la antaño inalcanzable barrera de los 5 metros, sus vuelos que desafiaban la gravedad y su atractivo físico, que atrajeron a miles de personas a los estadios.

Los especialistas y los aficionados no se tomaron en serio la pértiga femenina, que sólo se convirtió en olímpica en Sydney 2000, hasta la fulgurante aparición de la rusa, que logró 18 récords en sus primeras dos temporadas entre la elite.

Frena su progresión

La zarina siguió cosechando éxitos, pero sus récords comenzaron a ralentizarse. Desde que se radicó en Mónaco y se entrenó en Formia (Italia), Isinbáyeva logró nueve récords mundiales, cinco en pista cubierta -todos en Donetsk- y cuatro al aire libre, en cinco temporadas bajo las órdenes de Petrov, entrenador de Bubka.

Además, se proclamó campeona olímpica en Pekín (2008), mundial al aire libre en Osaka (2007), en pista cubierta en Moscú (2006) y Valencia (2008), y continental bajo techo en Madrid (2005) y al aire libre en Gotemburgo (2006).

No obstante, su progresión, que parecía imparable, se frenó en seco, hasta el punto de que en 2010 se retiró durante varios meses tras no lograr ningún saltó válido en los Mundiales disputados al aire libre en Berlín (2009) y quedar en cuarto lugar en los Mundiales bajo techo de Doha (2010).

En 2011 Isinbáyeva regresó a su ciudad natal, tras más de cinco años de exilio, para entregarse en los brazos de su descubridor y ese mismo año logró el título mundial bajo techo.

Regreso triunfal

Aunque falló en los Mundiales al aire libre de Daegu 2011, en los que sólo pudo ser sexta, y se tuvo que conformar con el bronce en los Juegos de Londres, regresó a la cima en los Mundiales de Moscú en 2013 al colgarse un nuevo oro.

Entonces, decidió cumplir con otro de sus sueños, ser madre, para regresar por última vez, ya como “Mamá Lena”, y proclamarse de nuevo campeona olímpica en Río de Janeiro en lo que debían ser sus quintos últimos Juegos.

El escándalo de dopaje que ha salpicado al deporte ruso truncó su último sueño y le obligó a colgar definitivamente una pértiga que tiene 28 muescas, los récords mundiales que marcó, a siete de los 35 de su ídolo: Bubka.

Fuente: rtve.es