El Mundial más largo de la historia de la Fórmula 1 fue para Nico Rosberg. En cualquier otro curso, habría tocado el cielo antes, pero al alemán le tocó contener el aliento hasta el capítulo 21. Tuvo que ganar dos veces el campeonato, después de haberlo tenido en el bolsillo antes del verano. En la regularidad, con un solo abandono, el del doble KO con Hamilton en Barcelona, cimentó su reinado.

 Sosteniendo las embestidas de un tricampeón con el que comparte garaje y compartió amistad. En Abu Dhabi cumplió su parte. Acabó en el podio, sin estridencias, eludiendo batallas en la salida, superando otro espinoso mano a mano con Max Verstappen y resistiendo la estrategia desesperada de Lewis, que congeló la carrera en los últimos asaltos para que Vettel o el propio Verstappen le echasen una mano. No fue así. El Mundial 2016 ya tiene campeón: Nico Rosberg.

A mediados de mayo, Nico mantenía intacto un colosal muro de 43 puntos sobre Hamilton. Ambos acababan de quedar fuera de combate en la quinta carrera, en Montmeló, tras uno de los mayores chispazos de la temporada junto al de Austria. El errático inicio del tricampeón, junto al casi perfecto de Rosberg, anestesiaron el Mundial cuando ni siquiera había llegado el verano. Pero el calor desató la furia del tricampeón -seis victorias sobre siete carreras-, que se marchó de vacaciones, a finales de julio, 19 puntos arriba tras su mordisco en Hockenheim.

Rosberg cargó las pilas en su retiro estival, junto a su mujer y su hija, mientras Hamilton, con el subidón, se sumergía en fiestas y espectáculos al otro lado del charco. El alemán inició la reconquista en Bélgica y dejó todo bien envuelto en Suzuka (9 de octubre), después de ganar cuatro de las cinco citas y aprovechar con un podio el apagón del motor de su rival en Malasia.

El alemán ha permanecido casi dos meses sin ganar, aunque siempre con su aliento en el cogote de Hamilton. Con eso le valía y él cumplió sin titubeos la parte del trato que le convertía en campeón. Sólo tuvo que salvar una delicada tarde bajo el diluvio en Interlagos, donde un error de estrategia de Red Bull con Max Verstappen le permitió afrontar con más sosiego la última noche.

En el desierto, dos años después de la noche más cruel que ha vivido en la F1, sobre el mismo escenario, asestó el golpe definitivo al campeonato. Aunque para ello tuvo que salir ileso de un cuerpo a cuerpo con Verstappen, en la vuelta 21, que encogió el corazón de la mitad del box de Mercedes. Fue el único sobresalto que vivió el nuevo campeón del mundo. Su corona nunca estuvo en peligro durante las 55 vueltas a Yas Marina, porque el tercer puesto en el que llegó viajar durante algunas vueltas, tras su primer paso por boxes, también le valía.

Rosberg nunca tuvo posibilidad real de ganar por segunda vez en Abu Dhabi porque Hamilton, infalible en las últimas cuatro carreras, intocable también en la última, nunca flaqueó y transformó sin titubeo su ‘pole’ en la décima victoria del año en su cuenta. Incluso trató de vender cara su derrota en el Mundial, frenando la carrera en las últimas vueltas, buscando la colaboración de Vettel y Verstappen. Nico necesitó contener el aliento, porque vivió pendiente del retrovisor hasta el último instante. El subcampeón se quedó a cinco puntos, aunque con el desquite personal de echar el cierre con una victoria más, 10, que el nuevo rey, igualando su registro de 2015.

En el paddock, una persona celebraba el título como si fuera suyo: Keke Rosberg, el peculiar campeón de 1982 con una sola victoria, espejo en el que Nico (31 años) se miró desde su primera carrera de karting a los seis años. Los Rosberg ya son la saga más ilustre de la Fórmula 1 junto a los Hill. “¡Lo hicimos, lo hicimos!”, le decía por radio a su mujer tras cruzar la meta de Yas Marina. Aún con el alma encogida por esas últimas vueltas. Después levantaría en brazos a Ecclestone. Los campeones tienen licencia para todo.

Fuente: elmundo.es