“Esto que estamos haciendo es para ir todos presos” casi literal, fue la frase lapidaria que dijo Alejandro Burzaco, el principal de Torneos, cuando sellaron la creación de Datisa que agruparía las empresas de José Lázaro, los Hinckins y del propio Burzaco, para comercializar los derechos de televisión de varias competencias de fútbol en el continente americano.

Sin saber que Chuck Blazer era el principal informante del FBI y del Departamento de Justicia norteamericano y que significó la caída de los mandamases de Centro y Sudamérica, la maquinaria de sobornos, lavado de dinero y asociación para delinquir se puso en marcha, bien aceitada,  en todo el continente.

Y claro, cuando ya no se puede esconder y negar su culpa, Burzaco ha decidido colaborar in extremis con las autoridades norteamericanas, él sabe muy  que si entrega la mejor información posible sobre la impresionante cadena de corrupción que se creó en el fútbol, tendrá mayor posibilidad para que haya rebaja en su potencial condena.

Y si Burzaco habla, se le deberá creer todo lo de “desembuche” será mucho mejor recibir una condena de diez años que veinte. Con seguridad los nombres que ya habrían salido de su boca deberán, ahora sí, buscar los mejores abogados posibles en territorio estadounidense para demostrar su inocencia; por lo pronto, la justicia de Estados Unidos los ha acusado y con pruebas contundentes los implicados deberán pelear con todas los descargos posibles.

La justicia norteamericana se toma todo el tiempo del mundo para que sus procesos de investigación, acusación y enjuiciamiento sobre casos de corrupción carezcan de fisuras y de esa forma evita que los involucrados puedan salirse con las suyas.

La meticulosidad en el caso Fifa Gate, no ha dejado cabos sueltos y eso ha sido fundamental para que varios de los acusados hayan decidido declararse culpables y como ha ocurrido con Burzaco, se conviertan en soplones y se destape la cloaca en la que convirtieron a las organizaciones de fútbol.

Los actuales dirigentes del balompié tienen que marcar el territorio para establecer un antes y un después y deberán realizar una profunda limpieza de esa cloaca, si no lo hacen,  se pueden acostumbrar a vivir en la inmundicia.

La forma cómo se ha manejado el fútbol ha agotado varias estructuras y se necesita un cambio radical en su organización, se deben crear organismos de control que miren con  lupa cada movimiento de las gigantescas cantidades de dinero que mueve esta práctica deportiva y que es susceptible de corromper fácilmente a santos y pecadores, como ha constado en la gráfica.

Agradeceremos a Burzaco siempre y cuando devuelva todo lo que tiene en su buche, por el bien del fútbol.

Por: Reinaldo Romero