Cada vez que ha podido, el ingeniero Luis Chiriboga, presidente de Ecuafútbol, ha manifestado que en los dieciséis años de su gestión, el balompié ecuatoriano ha conseguido varios éxitos y eso es cierto, las clasificaciones a varios mundiales y en diferentes categorías; también señala que la infraestructura ha mejorado, la Casa de la Selección, la sede en Guayaquil, el Instituto de Entrenadores, entre otros.

Pero, se olvidó de algo y es la cero incidencia para consolidar institucionalmente a los clubes del país. Hasta la fecha un gran porcentaje de ellos no tienen personería jurídica, otros se debaten en la falta de gobernanza. La mayoría creyeron y siguen haciéndolo ciegamente, que el paternalismo que ha caracterizado a la gestión del ingeniero Chiriboga, sería suficiente para vivir del fútbol profesional.

Han sido dirigentes obsecuentes, aquellos que en la famosa reunión de Riobamba prometieron el voto para que el ingeniero Chiriboga sea reelecto para cuatro años y en un craso error que cometieron, a cambio de nada y hoy tienen que asumir la angustia de encontrarse desfinanciados a mitad del torneo, sin recursos para cumplir los contratos y con poca o nula autocrítica.

Que otro club de la Serie A, en menos de un año, no se haya presentado a cumplir el partido a la hora programada habla de la grave situación por la que atraviesa el fútbol ecuatoriano y que su presidente diga que los futbolistas deben defender la camiseta aunque no les cumplan con los sueldos, ya ni siquiera sucede en el fútbol barrial.

Ese es el otro fútbol, el que  la mayoría de los dirigentes se hacen de la vista gorda, todo por no enojarse con el ingeniero y aún confían que en sus manos está la solución a sus problemas. Han mostrado incapacidad para gestionar recursos, esa es la gran verdad; le tienen miedo al cambio y a la posibilidad de nunca más viajar a los partidos de la querida Tricolor.

Chan Chán