La Copa América empieza a ser un recuerdo y no muy bueno para nuestro paladar futbolero. Es cierto, disfrutamos de Messi y sus compañeros o nos sorprendimos con el sueño de Alexis Sánchez y los rojos o con las ganas que le pusieron paraguayos  o peruanos, pero nada de esto ayuda a cicatrizar nuestra herida deportiva. Podremos repetir una vez más que en Copa América nunca nos ha ido bien y ya tendremos justificación para nuestra derrota. También, una muy escuchada en estas semanas, que lo más importante son las eliminatorias y que éste fue un banco de pruebas.

La realidad sudamericana nos indica que todas las selecciones están pensando en cómo llegar al mundial de Rusia, pero al mismo tiempo disfrutan y festejan sus triunfos coperos y se lamentan en grande si fueron fracasos. Entonces coincidamos que cada vez que juega la selección todos queremos ganar y en un torneo oficial mucho más. Nosotros particularmente perdimos seis meses, luego de finalizado el ciclo de Reinaldo Rueda, para contratar un nuevo director técnico. Cálculos políticos y económicos nos hicieron perder un valioso tiempo que bien pudo haber sido cosecha en Chile.

Eso sí, esta copa será recordada como la que menos participación dirigencial tuvo. Quienes conducen el balompié en el continente escaparon, los pocos que allá fueron claro, sistemáticamente a las preguntas de los medios. Hasta hace un poco más de un mes muchos dirigentes creían que este deporte giraba alrededor de ellos, por eso tal vez varios se habían hecho pagar dineros extras. Nos tenían acostumbrados a las ruedas de prensa donde hasta parecía que eran ellos quienes iban a jugar. Esta vez prefirieron la intimidad de la habitación de hotel o del vestuario, ni siquiera el banco de suplentes, lejos de las luces, las cámaras y sobre todo los micrófonos.

La Copa ya se va y con ella una suerte de cortina de humo que, por algunas semanas, desplazó palabras como fugitivos, interpol, prisión, coimas, co-conspiradores, socios comerciales, intervenciones, investigaciones y otras parecidas de las primeras planas mediáticas. Ahora quedan muchísimas preguntas por responder, esas que antes ni siquiera hubieran sido admitidas por los entonces locuaces directores del fútbol de la región. Hoy tampoco son admitidas en realidad, pero para evitar la exposición lo mejor es no responder nada.

Y acá regresa nuestro fútbol, éste que tiene todo tipo de carencias, especialmente de las que se cambian en los bancos. El mismo que increíblemente no respeta sus propias reglas y que, por ejemplo, permite profesionales impagos por varios meses. El que ratifica una total ausencia de sensibilidad y se va de viaje llevando un séquito, como siempre, a Chile, sin ruborizarse siquiera, no importa que al equipo con la hinchada más numerosa del país incluso le hayan quitado un punto por falta de pago a sus jugadores. Por si eso significa algo en un fútbol que sueña con otro mundial.

Y vuelven los clásicos y los superclásicos, las definiciones dramáticas, las figuras, los goleadores, pero también las interpretaciones reglamentarias, los comités de disciplina, el asesor jurídico, el comité ejecutivo encargado, las sanciones ejemplarizadoras y todo aquello que no cambia en nuestro fútbol. Sí, estamos seguros que nos va a distraer y que lo vamos a disfrutar también, ya sabemos que es el fútbol que más nos gusta, pero también estamos convencidos que este es el momento de las explicaciones, la verdadera transparencia y los cambios urgentes. La época del derroche y la contratación directa terminó, no solo aquí, en la región. Hace dos años que estamos en el límite de la debacle económica futbolera en Ecuador. Termina el tiempo de la charla, es el período de los controles y la autocrítica. Ah cierto, las preguntas están, estamos esperando las respuestas.